Silencio Por Favor Que quiero Hablar...

Sábado por la noche. No tengo muchas ganas de salir pero tampoco de quedarme en casa. He escrito y leído más de lo que mis ojos pueden soportar. Necesito hablar con alguien. Pero no por el teléfono, porque eso acabo de hacerlo con mi madre, aunque más bien fue un monólogo, ella siempre aconsejándome y rogándome un poco de cordura. Tampoco quiero chatear, porque de solo pensarlo hace que me duelan los dedos.
Lo soluciono quedando con "Medem", mi amigo cineasta, cuentista, futbolista, adorador del sexo femenino, en el centro comercial. Por compromiso, como ya lo he plantado un par de veces en la última semana y además ya me está haciendo falta, le pido a "Batichica" que nos acompañe y así de paso, dos de las más importantes personas de mi vida, se conocen. Uno, es un soltero eterno que no quiere complicarse la vida con amores ni furtivos, ni exactos, y el otro, un homosexual acuariano, salido del clóset hace muchos años, que pretende buscar a su rana para convertirlo en príncipe. Me entusiasmo con la idea de una noche de plática inteligente, comentarios y discusiones sobre cualquier tema.
Llego y los encuentro, cada uno por su lado, sin adivinarse futuros conocidos. Primero veo a "Batichica" por las vitrinas, hablando por el celular, su inseparable compañero. Me besa con cariño. Sin soltar el aparato, me piropea los zapatos y como siempre me encuentra divina. Me hace señas con la mano que le dé unos segundos y se voltea discretamente para terminar su charla que parece bastante acalorada. Adivino que es con el amante de turno, un tranquilo muchacho que vive en otra ciudad. Seguro discuten quien hará el viaje a donde a verse cuando. Descubro a "Medem", sentado muy cerca, con dos mastodontes tatuados en uniforme de básquetbol. Alza la mano para llamar mi atención y nos indica que nos sentemos con ellos. Toco a "Batichica" en el hombro que aún no cuelga y me sigue como un zombie, enfrascado en su disyuntiva móvil.
"Medem" está conversando animadamente de deportes con sus amigos y mira por inercia a mi escote cuando me acerco y evalúa a "Batichica". Mi mirada vaga por el sitio a ver si se me antoja algo de comer, los mastodontes alzan un poco la voz mientras discuten con "Medem" sobre el juego del día anterior y el celular de "Batichica" sigue transmitiendo malas vibraciones. Discretamente me levanto para esperar que alguien me haga caso. Envidio esos murmullos incomprensibles de todas las mesas que nos rodean y trato de escuchar y descubrir de que hablan. El esfuerzo me quita el hambre y derrotada vuelvo a la mesa, donde soy una paria.
Cuando por fin "Batichica" cuelga y los mastodontes cansados se marchan, en ese chocar de nudillos tan de moda ahora y propio de los hombres, empiezo a tener un poco de esperanzas. Pero justo en el momento en que pienso sobre que vamos a hablar, "Medem" y "Batichica", como si se hubieran comunicado telepáticamente, deciden que sería buena idea ver una película de acción que pasan. Justo empieza en dos minutos y tenemos el tiempo suficiente para levantarnos, pagar los cafés e ir a ver la proyección. No era precisamente lo que tenía en mente. ¿Hacia dónde se fue mi noche de plática inteligente?
Entramos al cine, me siento en el medio, como Jesucristo entre los ladrones. A mi izquierda está "Medem" y empezamos a discutir muy bajo, casi sin entendernos, sobre la fotografía, las actuaciones, la iluminación, el guión y todos esos pormenores propios de los que creen que saben mucho de séptimo arte. No logramos nada en concreto porque los "shhhh" de la gente atrás nos callan. A mi derecha, "Batichica", a quien de rato en rato, sin poderlo evitar, le digo algo confuso sobre lo que vamos a hacer más tarde. "Medem" pita y suspira cada vez que ve una chica bonita en la pantalla y "Batichica" me pellizca cada vez que ve un hombre hermoso. Pienso que me ve a dar tortícolis, por estar moviendo el cuello de un lado a otro, y además sigo incómoda, susurrando y oyendo susurros, sin poder comunicarme adecuadamente.
Salimos del cine y mis amigos, como si fuera un complot en mi contra, deciden ir al bar de moda en mi ciudad. Acepto a regañadientes, sin descubrirles mis verdaderos motivos. Entramos y la música nos penetra. Está muy alta y no escucho a mis amigos. Nos hablamos por señas adivinando lo que quiere el otro. Gritando, pedimos unos tragos. Yo me muevo al ritmo del ambiente, algo molesta. Sigo en el medio, estratégicamente situada, para mirar a mis anchas porque no estoy de humor para ligar y quiero repeler a los indeseables. Pero no contaba con ver a "Tuk El Gigante" solo en un rincón. Me gusta desde siempre, pero no hemos compartido más que unas cuantas miradas inconstantes. Le toco el codo a "Batichica" y señalo hacia donde está "Tuk El Gigante". Quiero decirle tantas cosas a mi amigo, pero la música está muy fuerte. Me resigno a mi suerte. Empiezo una frase..."¿Me acompañas al ba..ño?" Me percato que estoy sola, que nadie me escucha y lo peor de todo que ninguno de mis dos amigos puede ir conmigo, porque los letreros de "Damas" y "Caballeros", nos separan.
Entro al baño. Allí, dos chicas más jóvenes que yo ríen en complicidad y hablan mientras se retocan el maquillaje. Yo espero, casi tímidamente, a que ellas terminen porque no quiero interrumpir el intercambio de confidencias y risas, extasiada con sus palabras. Quisiera ser parte de esa conversación, pero soy una intrusa. Salen y me dejan allí abandonada y solo se oyen ahora las gotas insistentes de un grifo que han dejado semiabierto. Me miro al espejo y me burlo de mí misma al comprender que en el lugar más definitivo de una salida nocturna, el baño, no tengo con quien comentar nada.
Sonrío. Mis labios se van anchando, comprendiendo lo ridículo de la situación, pero lo real y relevante que es. Entonces, la risa se va haciendo más fuerte, hasta que se convierte en una auténtica carcajada. Vivimos en un mundo de ruidos, donde las cosas más importantes se quedan sin decir.
Tomo el celular y llamo a mi madre.
Comentarios
me gusto tu historia
cuidate
ByE
saludos desde durango mexico