¡ Hola Princesa !

¡ Qué suerte tengo de tenerte, Princesa !
Todos los días, doy gracias a Dios por ti. Tu me haces sonreír con tus ocurrencias, de una forma que nadie ha podido. Eres la música de mi camino. El principio y el final de mi jornada. Eres mi fortaleza y mi suavidad. Eres una versión mejorada de la niña que fui y de la mujer que soy y que algún día serás.
Si en un momento de este viaje que llamamos vida, algo te falta, como la luna, le pediría permiso a las estrellas y del cielo oscuro la arrancaría, para dártela. Después de ti, Princesa, mi mundo está rosado, lleno de cascabeles, mariposas y lazos en el cabello.
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