Diario en Seis Partes de Sucesos Inspirados en los Títulos de M. Night Shyamalan - Parte 2


PARA DIANA DESORDEN INTERNO, NO ESPERES QUE SEA MUY TARDE
TWO

SIGNS: SEÑALES


Cuando lo cuento, no me lo creen. ¿Lo creerás tú?

Mi esposo, ha cambiado. Ha comprado un espejo para arrancarse los pelos de la nariz y un bronceador que no le despedaza la piel cuando toma el sol. Antes no se fijaba en esos detalles. Ha cambiado toda su ropa interior. Sus camisetas ya no están manchadas por las delicias culinarias que prepara los domingos y sus calzoncillos vienen en diferentes colores y grabados. Ahora son más bonitos. Lo he descubierto en el baño, estudiándose los músculos o hablando por su celular muy bajito, para que no lo escuchen. Sale al supermercado, dura cuatro horas (cuando antes eran solamente dos) y trae de todo menos lo necesario.

Sospecho que me engaña, pero no tengo la fuerza ni el valor para enfrentarlo. Necesito una prueba más contundente. Todos los días le rezo a Dios para que me dé alguna señal de su infidelidad. Los rumores corren y algunos llegan hasta mí. Gracias a mil comentarios desproporcionados y malintencionados, logro ponerle nombre y cara a la seductora. Aún así, todavía quiero más signos.

Esta mañana, después de muchas en las que he orado tanto sobre lo mismo, que ya se me olvidaron las palabras, logro musitar, con más fe que nunca: “¡Por favor, Dios Mío, mándame una señal!”. Como por arte de magia, suena mi teléfono celular y veo en la pantalla el nombre de mi esposo.

- ¡Hola, Equis!
Parece que no me oye. Escucho un ruido extraño, pero no logro distinguir con claridad.
- ¡Aló! - Vuelvo a decir con más energía.-

Nada. Me esfuerzo en oír mejor. En unos segundos, puedo diferenciar que son dos personas, mi esposo y una mujer, que hablan, pero ellos no me escuchan. Poco a poco comprendo lo que ha pasado. Su aparato de teléfono celular, en uno de esos extraños errores tecnológicos, ha marcado mi número por sí solo mientras sigue portado en la cintura de mi esposo.

De pronto, la luz en mi cabeza. ¡Son ellos, los amantes furtivos! Mi esposo y la seductora, en un ardiente intercambio de amor prohibido. Lo escucho todo. Quince minutos de confidencias, besos, risas, culpas.

Me llega a la mente una frase de un personaje que admiro mucho, Eleanor Roosevelt, cuando dijo con toda razón: “Nadie puede herirte sin tu consentimiento”. Ya no necesito más señales.

Llamo al camión de la mudanza, mientras empaco sus cosas.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¿realidad o ficción? una cosa que sí es realidad: en la foto de la cámara de la oficina has salido guapísima

beso
Ericarol ha dicho que…
realidad, realidad, realidad...no ficción.
Anónimo ha dicho que…
hola
no pues mas prueba, mas señal que esa no hay.
saludos que andes bien...

pase por una situacion parecida, bueno no exactamente yo...si no con mi padre

ah que caray
jajaja
quien lo viera...no mas bien con razon nunca lo veiamos nunca estaba en la casa...
:@

saludos desde durango mexico!!
PABLO JESUS GAMEZ RODRIGUEZ ha dicho que…
Estoy de acuerdo con el primer comentario, yo tambien pregunto: ¿realidad o ficción?

Y me asalta una pregunta: si fueramos victimas de una infidelidad por parte de nuestra pareja, ¿seriamos capaces de personar, si o no?

Un beso.
l ha dicho que…
Muy frescos tus escritos! te sigo leyendoooo!!!
ALAS DE MI LIBERTAD ha dicho que…
cuando hay infidelidad y la otra persona se entera,se pierde la confianza y ya no es lo mismo,ya se deja de ser feliz,lo mejor es terminar con esa relacion,besos
Anónimo ha dicho que…
Ericarol, no sé cómo agradecerte tu interés. Estoy emocionada por tu amabilidad...
En mi caso no hay infidelidad, a no ser consigo mismo. Está tan encerrado en sí mismo que dudo en ninguna relación, pero desde luego es ilustrativo de hasta dónde podemos llegar con nuestra ceguera.
No sabes cómo agradezco tu interés.
Gracias amiga.
Diana

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