Silencio de Sábado
Sábado en la noche y ocurre algo
inesperado. Los hombres de la casa han salido a divertirse y las niñas, que
demandan tanto de mi tiempo, Dios las Bendiga, duermen plácidamente, una, con la cara mirando a
la izquierda, la otra, con la cara mirando a la luna que se asoma tímida entre
las nubes cargadas de lluvia. No puedo creer en mi buena suerte y lo pongo en
mi Twitter: “Los chicos se han ido y las chicas duermen. ¡Al fin tiempo para
mí!”. Me paseo ansiosa por la sala, mi habitación, la cocina. Tengo hambre,
pero no mucha. Puedo prepararme lo que quiera, pero como no soy dada a las
sutilezas gourmet, desisto de la idea, además no tengo mucha hambre. Son las
ocho de la noche y en un canal local pasan a Nuria Piera y sus reportajes
investigativos destapando intrigas entre los políticos de turno. Pero no estoy
para tragedias. Quizás leer un libro o encerrarme en el baño a quitarme todos
los pelos sin que nadie me toque la puerta. Me siento en la computadora y
escribo estas líneas, pero quiero terminar rápido y hacer cualquier otra de
esas cosas que me encantan hacer y que hace tanto tiempo que no hago. Puedo
organizar mi closet, pero seguro levanto mucho polvo y me da pituita. Detente.
Pienso. Debo disfrutar el momento y ahogar mi prisa. Abro la ventana y huelo la
lluvia. Estoy sola, tengo un mundo de posibilidades. Al final, decido no hacer
nada. Me siento en la sala a oscuras, subo los pies a la mesa de centro y
escucho el silencio. Sonrío. Esto no tiene precio.

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Besos!!!