En algún lugar del Arco Iris
Cuando iba a tener a mi primer hijo, hace ya dieciocho años, los consejos para sobrellevar la maternidad venían de la mano de tu mamá, tu madrina, las tías y las vecinas, que eran las expertas a las que tenías acceso. Los hombres no opinaban y habían muy pocos libros sobre el tema. Hoy día, en que la información está tan cerca, por mucho y con rápido acceso, hay un millón de libros sobre embarazo y maternidad, incluso sobre distintos métodos para que tus hijos duerman la noche entera y donde se discuten temas tan importantes como si se debe acostar a los bebés de lado, de espalda o boca arriba. Yo juraba que era imprescindible que los chiquititos durmieran boca arriba, pero, sorpresa! cuando me encontré con una joven pareja (jovencísimos!!) que acuestan a su retoño boca abajo. Escuchas y lees tantas cosas que al final reconoces que tu instinto es la única guía, ya que todos los embarazos son diferentes y por ende, todos los niños también. Sin embargo, una de aquellas cosas modernas en las que quise experimentar fue la de hacer que mi bebé aún estando en el vientre materno, escuchara música. Lo más emocionante fue leer no me acuerdo donde que los niños así de pequeños luego de estar en el mundo exterior, podían reconocer la melodía que constantemente los hacías escuchar cuando estaban en el mundo interior, o sea, en la barriga de mamá.
Amante de las películas y sobre todo de los clásicos, me decidí por una sola canción: "Somewhere over the Rainbow", de la película El Mago de Oz, cantada por Judy Garland. Una canción cursi y preciosa! Luego de cumplir religiosamente con poner los audífonos innumerables veces sobre mi vientre mientras Paris estaba allí adentro, llegó el momento de vivir toda una experiencia y era cuando llegara el tiempo preciso sentar a Paris en su silla favorita, poner la canción y verla abrir sus grandes ojos, sonreír, reconocer y casi entonar la canción que mamá escogió solo para ella.
Pero nada de eso pasó. Cuando puse "Somewhere Over the Rainbow" a todo volumen en la radio, Paris me miró, suspiró aburrida y siguió comiéndose las orejas de Patrick, su peluche favorito.
Ya no creo en los expertos!


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Besos!!!