Manifestaciones

En toda mi vida he participado de tres manifestaciones. Dos de ellas, por accidente y una por curiosidad. Las dos primeras con las que me crucé, fueron por doblar una calle en dirección errante mientras hacía turismo en una ciudad extraña. Una, fue en el País Vasco, frente al Ayuntamiento de Vittoria. Un montón de damas, sostenían un enorme cartel mientras gritaban. No me acuerdo por que protestaban o que pedían. Solo me limité a tomar fotos, encantada de que estuviera viendo un ejercicio de la democracia que es totalmente inusual en mi país. En República Dominicana, se lanzan piedras, se deja de ir al trabajo, se queman llantas de automóviles y se juega dominó en una esquina. Nadie se pone frente al Palacio Nacional con un cartel. Que yo sepa.
La segunda vez, fue en Washington, D. C., frente a la Casa Blanca. Recuerdo que las personas, desparramadas en el verde césped frente a la casa que entonces ocupaba George Bush, exigían la ayuda del Presidente estadounidense para contribuir a detener el genocidio en Darfur. Andaba con mi hijo que en ese entonces tenía 11 años y le expliqué el derecho que tiene todo ciudadano de hacer oír su voz, mediante el voto o las protestas públicas. No creo que haya entendido mucho entonces, pero si se contagió de mi entusiasmo por el tema y mi fascinación con la idea de reclamar por lo que fuera.
La tercera manifestación, fue aquí en Guatemala, en la Plaza Italia frente a la Municipalidad, hace aproximadamente dos semanas. A raíz del asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg, quien en un video grabado antes de morir responsabilizó al mismísimo Presidente de la República de Guatemala de cualquier hecho trágico que le sucediera, se originó en este país una crisis institucional y política de alcance mundial, hasta un baboso enviado por la OEA vino a dar su conclusión después de un "estudio exhaustivo del caso" (que duró dos o tres días) y no dijo algo que nadie supiera. En fin, dicha manifestación a la que asistí fue convocada para exigir al gobierno el esclarecimiento de la verdad y justicia para encarcelar a los asesinos. No pretendo juzgar sobre lo que presencié o lo que sentí, no estoy diciendo que está bien o que está mal, que es lo correcto o lo incorrecto o que yo tenga la fórmula secreta para hacer justicia y rastrear bandidos (ya quisiera yo ser esa clase de superheroína). Solo doy mis impresiones como una mera observadora, "con ojos de extranjera", un poco apartada del sentimentalismo patriótico, que obviamente en este caso no puede ser tan fuerte como el de una persona que haya nacido en este país.
Llegué con mi cámara, eterna compañera, a eso de las doce del mediodía. Lo que me llamó la atención de entrada fue que me cobraron Q.20.00 por el parqueo que resultaba ser en una acera pública, es decir, en la calle, donde tengo el derecho de parquearme sin que me cobren. Sabrá Dios que hubiera pasado con el vehículo de haberme yo negado. Y esto es una simple conjetura. Cuando seguí caminando, me crucé con muchas personas, de todas las edades, ataviadas con camisetas blanca y leyendas sobre la injustica, la represión, la pobreza y el gobierno. Por otro lado, los más pobres, aprovechando la ocasión, vendían todo lo que pudiera ser útil en ese momento. Una señora vendía silbatos, una más joven, sombreros para protegerse del sol y bandas blancas y negras para ser anudadas en los brazos; un señor, llevaba camisetas blancas, por si alguien, como yo, no sabía, se le había olvidado. Y así a lo largo de toda la calzada antes de llegar a la plaza donde se congregaban las personas, los indígenas, vendían lo necesario, como agua y refrescos. Increíblemente, la totalidad de los presentes, a excepción de los vendedores ambulantes, parecían salidos de una foto de Vogue, o de esas actividades sociales que presentan en Vanidades. Parecía más la inauguración de local en la Zona 15 (una de las mejores zonas de la ciudad) que una protesta, por y para el pueblo. Al otro lado de la plaza, los vendedores ambulantes en el mercado, ajenos a lo que ocurría en sus narices, seguían pendientes de los centavos a recolectar para comer ese día.

¿Dónde estaba el verdadero rostro de Guatemala, los pobres, los indígenas discriminados, la clase media? Definitivamente, no allí. Ellos, son los verdaderos afectados, sin embargo, no conocen o no les interesa conocer o no los educan sobre el significado de un reclamo justo o de una forma de cambiar la forma de vida que han tenido por cientos de años. Las diferencias, indican debilidad. La unión, representa la fuerza. Si Guatemala no se une, seguirán los robos, los asesinatos, la opresión, la desigualdad, los mártires.

Me fui de la manifestación, desilusionada y algo triste. Después de ese día intenté no hablar o no opinar más sobre el tema. Añoraba coexistir por fin en algún lugar del mundo en el cual, al igual que en las películas, los chicos buenos, por fin vencen a los malos. Y entonces recordé las palabras de Victor Hugo: « El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad » y empecé a tener esperanzas otra vez, porque yo, definitivamente no quiero ser débil.

Comentarios

PABLO JESUS GAMEZ RODRIGUEZ ha dicho que…
Ni yo quiero que lo seas, querida ericarol, ni los que estamos cerca tuya lo consentiremos...te queremos demasiado como para eso.

Mi enorme beso, querida amiga.

Feliz fin de semana...!

:)
PABLO JESUS GAMEZ RODRIGUEZ ha dicho que…
¿Has cambiado el look?

Te ha quedado...genial...!

Muy bonito.

Un beso enorme...!!!
Vanessa Reobasco Parabé ha dicho que…
Muy lindo el nuevo vestido del blog, me gustó la cabecera.

Yo no creo Carol que seas débil, todas las cosas que has compartido en éste espacio muestran a una mujer luchadora y fuerte.

Saludos!
Anónimo ha dicho que…
hola!!!

saluditos
aqui visitandote, hey cambio de look, de cuantas cosas me he perdido en este tiempo de tareas y desesperacion de examenes jejeje.

bueno, en cuanto a las manifestaciones, yo nunca he asistido a ninguna, capaz que se arma la matazon y me agarran ahi en medio y pues como que no me gustaria
jejeje

sale me retiro, gracias por las visitas, disculpa que no haya pasado antes pero esto de hacer planos de casas y carreteras no deja tiempo

:D

byE

saludines desde mi caluroso Durango
Anónimo ha dicho que…
Tus narraciones tienen eso, sí, tienen "la musa" que necesitas para escribir tu libro........me encanta entrar a tu blog y encontrar tus escritos, nunca me pierdo uno solo.

Yo te compraré el primer libro editado........jajajajaj....

Te quiero,
La Chinita

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