El Jardín de Doña Beatriz
El Jardín de Doña Beatriz
La vida es un constante aprendizaje, dice mi amiga Nancy. La recuerdo diariamente, porque cada día aprendo algo nuevo o recuerdo algo que ya sé, pero que he olvidado. Es increíble como en este mundo, podemos encontrar personas que tienen poco, pero que son desprendidas y dan mucho sin esperar nada a cambio, y otras personas, que no dan nada, ni siquiera lo que tienen por mucho, aunque sea alegría.
Doña Beatriz es la señora de la limpieza que tuve la suerte de contratar para que se hiciera cargo del aseo de mi casa. Ella venía al principio todos los días de semana en las tardes y luego, con los problemas en mi trabajo, le fui disminuyendo las horas hasta que tuve que pedirle con mucha tristeza de mi parte que ya no volviera más. Ella ronda los cincuentas, aunque parece mayor, creo yo fruto de una vida de privaciones y trabajo arduo.
Doña BeatrizLa encontré hace unos días en mi jardín, con el largo cabello otrora blanco, porque se lo ha teñido recientemente, suelto y arrodillada en la tierra, discutiendo con mi perrito Coco. (Como ella hace la limpieza en el apartamento al lado y en el de arriba, le dije que no era necesario que me devolviera la llave de mi casa ya que así, le dije, ella podía entrar cuantas veces quisiera aunque yo no estuviera, que podía prepararse su cafecito, el que solo compro para ella porque yo lo detesto, o tomar cualquier cosa de la nevera, para desayunar o comer, o simplemente, por si algún día necesitaba que me ayudara con algo). Se giró y la saludé y ella me regaló una de esas sonrisas que siempre tiene, a pesar de que esté nublado. "Que hace?" le pregunté, curiosa. "Mire usted, seño, aquí le vengo a sembrar unas florecitas y unas gramitas, para que el jardín se vea bonito otra vez". Y siguió reprimiendo a Coco, porque se come todo lo que sea verde o de vivos colores. La verdad es que yo había descuidado el patio, bastante. La jardinería no es uno de mis talentos, pero a doña Beatriz, le encanta.
Ahora viene todos los días aunque yo no le pague, aunque sea un ratito, como mi hada madrina personal robada del mismo cuento de Cenicienta y siempre encuentra algo que hacer. A veces, dejo el fregadero con una pila de trastes hasta el techo y segundos después, lo encuentro todo limpio. Ella entra y sale de mi casa, sigilosamente, como un duende, quitando aquí, poniendo allí, limpiando acá. Yo le digo que no es necesario, si le ofrezco dinero se ofende y ya hasta tengo sentimientos de culpa y me siento como una explotadora, pero ella se sonríe y sigue afanando en mi casa, aunque no le toca. Ella no tiene nada material, pero regala lo que tiene: quita tela de arañas, desaparece montañas de platos sucios, ofrece sonrisas y siembra flores y matitas en mi descuidado jardín.
Coco, haciendo de las suyas, con cara de "Yo no fui".
"Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio"
Khalil Gibran.
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Ericarol

Comentarios
un beso
Muchas gracias
Pues tienes mucha suerte, porque hoy en día es muy difícil encontrar personas en las cuales puedas depositar toda tu confianza, como tú lo has hecho con ese señora.
Coincido contigo en que hay muchas personas que te regalan tanto a cambio de nada... Ojalá ella se quede durante mucho tiempo en tu vida.
Saludos!!!
Tienes mucha suerte de contar en tu vida con una persona como doña Beatriz. Es muy difícil encontrar personas tan generosas y tan desinteresadas hoy en día, tanto, que aquí en España, con lo desconfiados que somos, enseguida pensamos que son amables porque nos la quieren jugar. Es lamentable que las relaciones humanas hayan llegado a tal nivel de deterioro, pero tú que tienes la dicha de haber encontrado una persona de la talla humana de doña Beatriz, consérvala, y la próxima vez que la veas, dile que un español al cual no conoce, nieto de otra doña Beatriz, le envía un beso por ser como es.
Saludos.