Las mentiras de mis padres
Tengo unos padres maravillosos, aquí lo he dicho muchas veces y aquí vuelvo y lo repito. Nos apoyan, se ríen de todas nuestras travesuras, todavía y a pesar de que mis hermanos y yo somos adultos e independientes por fin, nos guían o al menos tratan, nos dejan saber cuando algo está mal o esta bien, en fin, cumplen su papel a cabalidad. Si hubiera un paraíso exclusivo para padres que han estado en la tierra para proporcionar a sus hijos todo aquello que están supuestos a suplir, aún cuando fueron víctimas de las más grandes carencias, mis padres tienen uno de los primeros lugares, estoy segura. Y digo esto, refiriéndome a todo, incluso a sus imperfecciones. Después de todo, son humanos. ¿O no?
Uno de los grandes pecados capitales, sin duda, es mentir. El hombre para paliar un poco la culpa de la mentira, la ha dividido en grandes y pequeñas mentiras, mentiras blancas y negras, mentiras necesarias e innecesarias, mentiras inútiles y mentiras útiles. Yo creo que mis padres pecaron muchas veces diciéndonos mentiras útiles. Esas, que hasta ellos mismos de tanto decirlas, se las llegaron a creer con el tiempo.
Esas mentiras, en este momento recuerdo tres, me resultan ahora muy curiosas, muy graciosas, y muy útiles...porque ahora mis hijos también son víctimas de ellas.
- "El sábado". Cada vez que nos antojábamos de algo, ya fuera en mi caso, de un libro o en el caso de mi hermana, de un vestido nuevo, si lo pedíamos, nunca nos decían que no o que no se podía, aunque fuera así (un poco difícil complacer las exigencias de cuatro muchachos creciendo casi todos al mismo tiempo). La respuesta para todos nuestros requerimientos, era la misma: "Claro que sí, vamos el sábado". Si algo se dañaba, si algo hacía falta, si queríamos ver una película, la respuesta era exactamente que lo arreglaríamos, lo obtendríamos, la veríamos... el sábado, el día mágico, el día en que todo era posible, hasta la caja de cereal más grande importada directamente de los Estados Unidos de Norteamérica.
- "Te corto el pelo, para que crezca sano y abundante". Anja. Unju. ¿Como pude caer en esa mentira? Mi infancia es un remolino de recuerdos donde andaba yo siempre montando patines, subiéndome al techo o a la mata de mango de enfrente, jugando con mis vecinos o con mis hermanos menores o haciendome pasar por mi hermana mayor en el teléfono. Así que no tenía mucho tiempo para peinarme, por lo que siempre andaba con el pelo bien corto como El Principito. Una parte de mi quería tener una larga y femenina cabellera, pero mi mamá siempre insistía en cortarlo para que me "creciera sano y abundante". Pero creo que era porque no quería perder su limitado tiempo para que pareciera yo una chiquilla medianamente decente. Y la entiendo. Creo que entre la vida de casada, el trabajo, los berrinches de mi hermana mayor, las payasadas de mi hermano y las travesuras del otro hermano, mi pelo no era una de sus prioridades.
- "Mientras vivas bajo mi techo tendrás que respetar mis reglas". Si. Exacto. Eso aplica solamente a mi época de adolescente. Si por alguna mala pasada del destino he llegado a caer a casa de mis padres otra vez o alguno de mis hermanos, esta gran mentira útil, que los ayudaba a disciplinarnos mientras había fuerza, ahora se ha convertido en una gran broma. Ya no existen las horas tope, ni los enamorados inservibles, las metidas de pata, dejar embarazada a la novia, estar en tus treintas y deber ¡todavía! la trigonometría del bachillerato, casarte con un deportado, tener deudas hasta el cuello, que todos tu ex novios juntos sumen lo mismo que un pelotón del ejército, en fin, nada. La casa de mis padres siempre tiene las puertas abiertas y nunca hay reclamos o quejas. Siempre hay amor, comprensión, flexibilidad, soporte para los tiempos malos, cervezas para los tiempos buenos, hombros donde descansar cuando se llora, palabras de consuelo, dinero y por Dios, ¡Hasta las llaves del carro de mi papá! Ese mismo que no podíamos ni tocar años atrás. No digo que no muestran su decepción cuando nos portamos mal. Si lo hacen, es solamente que, somos siempre como el hijo pródigo del que habla la Biblia (Chinita, mete la mano, ¿cual es el versículo?). Siempre que volvemos, derrotados, con la lección aprendida, no encontramos la mirada acusadora, sino un gran abrazo de bienvenida y perdón.
Mientras escribo esto me doy cuenta de he sido bendecida de por vida. A esa última la llamo yo, la gran mentira amorosa.
Comentarios
besos, amiga....
pd. estas igualita desde nina.
Un saludo y espero que estes bien.
Si, eran mentiras, pero creo que son las unicas mentiras que cuando crecemos recordamos con agrado y con cariño.
Pues anda que el cuento de los Reyes Magos, o el del "Ratoncito Perez", que te daba caramelos cuando se te caia el diente de leche...!
Un beso ENORME!!!
¡Hola Ericarol! Med encantó el blog de tu hermana. Sobre la pregunta que me dejaste en "Estación Esperanza".Decirte que las 20,30 (8,30 PM) se refiere a la hora local de cada ciudad o lugar.
Muchas gracias por colaborar con tu granito de arena concientizador.
Acá te anoto un link informativo:
http://www.earthhour.org/home/
Besos
me encantan las mentiras mágicas ...
Besos!!!
Tus padres son fenomenales!!!
Besotes,
La Chinita
Muy bonita esa vivencia !
Saludos
besos y cuando vienes a NY
Moviste muchos resortes internos mientras te leía.
Ignoro por qué tu blog no se muestra como actualizado en mi blogroll. Ahora le doy un vistazo!
Un enorme Abrazo mi cielo!
Saludos.
http://angelantonio.ws